Finalmente ha salido la primera versión en español de este libro que ya había mencionado aquí casi 2 años atrás. La traducción al español fue hecha por Marta Rebón y se publicó por primera vez en noviembre del 2010. Obviamente, llegó a Chile tiempo después, hace apenas un par de semanas.

Off The Shelf!La descripción de este desafío es:

“Are your books multiplying like rabbits before you even get a chance to read them? Trying to keep up with them, but can’t stop buying new ones?

Maybe this challenge is for you.”

(¿Tus libros se están multiplicando como conejos antes de que tengas siquiera la oportunidad de leerlos? ¿Tratas de ponerte al día con ellos, pero no puedes dejar de comprar libros nuevos?

Éste puede ser el desafío para ti.)

El desafío consiste en leer una cantidad determinada de libros que ya tienes (NO ir comprando libros nuevos para ir leyendo esos) y que han estado acumulando polvo en tus estantes. Me pareció una excelente idea, ya que siempre he sido una compradora de libros compulsiva y, además, mis intereses literarios suelen ser un tanto cambiantes, por lo que mi torre de textos por leer crece con bastante rapidez. De hecho, antes de descubrir este sitio (hagan clic en la imagen) ya me había propuesto seguir una estructura 1:3 para mis lecturas de este año; es decir, comprarme 1 libro nuevo – leer 3 libros que ya tengo… pero entre la intención y el hecho, muchas veces hay un abismo.

Título: Prescription: Medicide. The Goodness of Planned Death
Autor: Jack Kevorkian
Año: 1991

Compré este libro años atrás, porque me interesaba conocer, de la “boca” del propio Jack Kevorkian (26/05/1928 – 3/6/2011), los fundamentos sobre los que basó su defensa incansable del derecho a la muerte (“morir no es un crimen”, fue una de sus frases famosas) y la obligación moral -sí, así la consideraba él- de los médicos de ayudar a sus pacientes a tomar y concretar tal decisión, si el caso lo ameritaba. No obstante, me encontré con una sorpresa.

Pocos saben (también yo lo ignoraba, hasta que leí el libro) que Jack Kevorkian empezó a incomodar a ciertos sectores ya a fines de los 50, al luchar por que los condenados a muerte tuvieran la opción de donar su cuerpo para experimentos científicos. Hacia principios de los 80, con el perfeccionamiento gradual de las técnicas de transplante de órganos, empezó a abogar tenazmente por el derecho de los condenados a muerte a donar sus órganos para este fin. A fines de los 80 empezó la campaña por la cual se hizo mundialmente conocido: el suicidio asistido para pacientes terminales que quisieran poner fin a sus vidas, publicando avisos en los periódicos (año 1987) para ofrecer sus servicios y el de su invento, el “Mercitron” (y también el “Thanatron“).

“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.”

Así comienza esta novela, publicada en 1981 (un año antes de que su autor ganara el Nóbel).

El pueblo completo sabe que Santiago encontrará su muerte aquel día; mas a causa de la indiferencia y el escepticismo de los pobladores, además de una serie de extrañas coincidencias que bien podrían atribuirse al destino, él no se entera hasta que es muy tarde.

Mediante tres voces diferentes (entrevistas a los pobladores, los registros oficiales de la investigación y el relato del narrador), que se expresan 27 años después de los acontecimientos, el autor reconstruye paso a paso los sucesos de aquel día, esclareciendo los motivos de este crimen. Motivado por la suspicacia y los comentarios de los propios personajes (¿hasta qué punto son confiables?), al lector le queda un rastro de duda frente a la explicación entregada. También a ratos dan ganas de gritar “¡Pero cómo nadie dice nada!”, o simplemente “¿Por quéeee?!”, con un sentimiento de impotencia y rabia.

Título: Bad Blood: The Tuskegee Syphilis Experiment
Autor: James H. Jones
Año: 1993

Entre los años 1932 y 1972, el Gobierno de EE.UU. condujo un estudio en 400 hombres de raza negra infectados con sífilis, en Tuskegee, Alabama. El objetivo de este estudio no fue terapéutico, sino todo lo contrario: tenía por objeto registrar cómo evoluciona la sífilis no tratada en hombres negros.

Además del evidente tinte racista de la premisa implícita (“la sífilis debe de afectar a los negros de manera diferente que a los blancos”), los 40 años que duró el estudio estuvieron plagados de prácticas no sólo reñidas con la ética, sino que radicalmente opuestas a ella: a los “sujetos” (“víctimas”, diría yo) nunca se les informó que tenían sífilis (se les dijo simplemente que tenían “sangre mala” [bad blood - de ahí el título de este libro]), no se les advirtió del daño que su enfermedad podría causarles, no se les brindó ningún tratamiento antisifilítico aun cuando siempre lo hubo  (al principio del experimento, se usaba arsfenamina), al punto de ocultárseles el descubrimiento de la penicilina, que empezó a utilizarse en la década de 1940 para tratar esta enfermedad, entre muchas otras cosas (agranden la imagen de la carta que se envió a los sujetos para invitarlos a participar).

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