Cuando recibimos un correo electrónico con una pregunta difícil, es preferible que tardemos un poco en contestarlo y nos tomemos el tiempo necesario para dar una respuesta clara, seria y profesional, que responder lo primero que se nos venga a la cabeza solamente para contestarlo de inmediato. Al hacer esto último, nos arriesgamos a dar una respuesta incompleta, poco profesional, poco atingente, o una combinación de las tres.

 

**Nota: sugiero enviarle a nuestro potencial cliente un correo para avisarle que hemos recibido su consulta y que la responderemos a la brevedad (o dentro de un plazo de xx horas).

Confieso que siento que los ojos me sangran cada vez que veo errores ortográficos, sin importar el medio donde los encuentre. Como asidua a las redes sociales, especialmente Twitter y Facebook, huelga decir que siento mis ojos sangrar varias veces al día, dado que al tratarse de medios informales de comunicación, el proceso de edición en ellos suele ser escaso o nulo. (Ídem para los blog o bitácoras, salvo que sean canales de comunicación oficiales de alguna institución.)

Esto me genera un impulso difícil de controlar, cuya intensidad es mayor mientras más horrorosa (percepción subjetiva, desde luego) es la falta: corregir la ortografía de los demás. Pero me lo aguanto. Empuño las manos, me muerdo los labios, y paso de largo sin comentar al respecto.

“¿Por qué?”, se preguntará usted. Simple: considero que NO me corresponde. Soy traductora, sí. Amo mi idioma, sí (y sufro cuando siento que lo están masacrando). Pero me parece que corregir el español de otros cuando NO me lo han pedido es tan irrespetuoso como que un amigo psicólogo me dé un diagnóstico de personalidad sin que yo se lo pida, especialmente si estamos teniendo una conversación informal. O, en buen chileno: DESUBICADO. De hacer correcciones no solicitadas en público, ni hablar. La persona de la imagen, por ejemplo, bien pudo responder “Te aviso que ‘por qué’ lleva tilde cuando es interrogativo”, pero se abstuvo.

El Colegio de Traductores e Intérpretes de Chile (COTICH) ha anunciado la realización de su I Congreso de Traducción e Interpretación en Santiago de Chile.

El evento se realizará los días viernes 1 y sábado 2 de julio de 2011, de 16:30 a 20:00 y de 9:30 a 16:30, respectivamente, en el Auditorio de Letras de la PUC. A continuación presento una lista no exhaustiva de las ponencias (copiada textualmente del sitio del Congreso):

  • Microconsejos de estilo y ortotipografía para el traductor desprevenido
  • Reforma procesal penal en Chile: desafíos para el intérprete
  • Aspectos jurídicos y normativos de la traducción a nivel nacional e internacional
  • Cómo sacarle partido a la internet: imagen virtual y marketing digital
  • Siglo XXI: Introducción a la traducción audiovisual

Para obtener más información sobre este evento, pueden visitar este blog, que estará en constante actualización.

¡Mis felicitaciones por esta iniciativa, y los mejores deseos!

 

Acompáñenme a darle la bienvenida al nuevo ocupante de mi estante, el Spanish Chemical and Pharmaceutical Glossary (de Hilda Zayas), que ha llegado a mis manos esta tarde gracias al veloz envío de The Book Depository.

Acá un primer plano del regalito ad hoc que encontré adentro: =)

Tal como indica el título, a continuación presentaré algunos mitos frecuentes sobre la traducción como independiente (o autónomo, o freelancer). OJO, esto significa que no mencionaré los conocidísimos mitos como “cualquier persona bilingüe puede traducir”, “un traductor puede traducir cualquier tipo de texto”, etc., etc., sino que me centraré en temas relacionados con la parte “práctica” (por llamarla de algún modo) del ejercicio profesional en sí y que, en consecuencia, probablemente son transversales al trabajo freelance en general.

1. Tienes que tener horarios de trabajo fijos y claramente establecidos: Falso. Si bien es necesario ser ordenados y tener un horario de trabajo relativamente regular (no sirve de mucho dormir hasta las 13:30 h si las oficinas locales cierran a las 17 h, ¿verdad?), debemos recordar que, en la actualidad, el trabajo del traductor no está limitado por fronteras geográficas. Esto significa que un día podemos trabajar para un cliente local, que está en nuestro mismo huso horario (Chile, en mi caso), y al día siguiente traducir para un cliente que se encuentra en Alemania, Japón, o cualquier otro país en un huso horario diferente del nuestro. Debido a esto, muchas veces debemos ser flexibles y estar dispuestos a modificar (en la medida de lo posible y manteniendo límites sanos) nuestros horarios de trabajo en pos de captar y mantener a un buen cliente.

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