Acompáñenme a darle la bienvenida al nuevo ocupante de mi estante, el Spanish Chemical and Pharmaceutical Glossary (de Hilda Zayas), que ha llegado a mis manos esta tarde gracias al veloz envío de The Book Depository.

Acá un primer plano del regalito ad hoc que encontré adentro: =)

Título: Prescription: Medicide. The Goodness of Planned Death
Autor: Jack Kevorkian
Año: 1991

Compré este libro años atrás, porque me interesaba conocer, de la “boca” del propio Jack Kevorkian (26/05/1928 – 3/6/2011), los fundamentos sobre los que basó su defensa incansable del derecho a la muerte (“morir no es un crimen”, fue una de sus frases famosas) y la obligación moral -sí, así la consideraba él- de los médicos de ayudar a sus pacientes a tomar y concretar tal decisión, si el caso lo ameritaba. No obstante, me encontré con una sorpresa.

Pocos saben (también yo lo ignoraba, hasta que leí el libro) que Jack Kevorkian empezó a incomodar a ciertos sectores ya a fines de los 50, al luchar por que los condenados a muerte tuvieran la opción de donar su cuerpo para experimentos científicos. Hacia principios de los 80, con el perfeccionamiento gradual de las técnicas de transplante de órganos, empezó a abogar tenazmente por el derecho de los condenados a muerte a donar sus órganos para este fin. A fines de los 80 empezó la campaña por la cual se hizo mundialmente conocido: el suicidio asistido para pacientes terminales que quisieran poner fin a sus vidas, publicando avisos en los periódicos (año 1987) para ofrecer sus servicios y el de su invento, el “Mercitron” (y también el “Thanatron“).

Tal como indica el título, a continuación presentaré algunos mitos frecuentes sobre la traducción como independiente (o autónomo, o freelancer). OJO, esto significa que no mencionaré los conocidísimos mitos como “cualquier persona bilingüe puede traducir”, “un traductor puede traducir cualquier tipo de texto”, etc., etc., sino que me centraré en temas relacionados con la parte “práctica” (por llamarla de algún modo) del ejercicio profesional en sí y que, en consecuencia, probablemente son transversales al trabajo freelance en general.

1. Tienes que tener horarios de trabajo fijos y claramente establecidos: Falso. Si bien es necesario ser ordenados y tener un horario de trabajo relativamente regular (no sirve de mucho dormir hasta las 13:30 h si las oficinas locales cierran a las 17 h, ¿verdad?), debemos recordar que, en la actualidad, el trabajo del traductor no está limitado por fronteras geográficas. Esto significa que un día podemos trabajar para un cliente local, que está en nuestro mismo huso horario (Chile, en mi caso), y al día siguiente traducir para un cliente que se encuentra en Alemania, Japón, o cualquier otro país en un huso horario diferente del nuestro. Debido a esto, muchas veces debemos ser flexibles y estar dispuestos a modificar (en la medida de lo posible y manteniendo límites sanos) nuestros horarios de trabajo en pos de captar y mantener a un buen cliente.

“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.”

Así comienza esta novela, publicada en 1981 (un año antes de que su autor ganara el Nóbel).

El pueblo completo sabe que Santiago encontrará su muerte aquel día; mas a causa de la indiferencia y el escepticismo de los pobladores, además de una serie de extrañas coincidencias que bien podrían atribuirse al destino, él no se entera hasta que es muy tarde.

Mediante tres voces diferentes (entrevistas a los pobladores, los registros oficiales de la investigación y el relato del narrador), que se expresan 27 años después de los acontecimientos, el autor reconstruye paso a paso los sucesos de aquel día, esclareciendo los motivos de este crimen. Motivado por la suspicacia y los comentarios de los propios personajes (¿hasta qué punto son confiables?), al lector le queda un rastro de duda frente a la explicación entregada. También a ratos dan ganas de gritar “¡Pero cómo nadie dice nada!”, o simplemente “¿Por quéeee?!”, con un sentimiento de impotencia y rabia.

Dado que en los próximos días comienza el proceso de postulaciones a las universidades chilenas, me ha parecido importante escribir algo sobre la carrera de Traducción, a fin de ayudar a orientar a los jóvenes chilenos interesados en seguir este camino.

I. Comentarios generales:

1. Lo primerísimo es señalar que Traducción y Pedagogía en idiomas no son la misma profesión, no son intercambiables, tienen enfoques muy diferentes y sus campos laborales difieren mucho entre sí. Por lo tanto, es esencial definir si se quiere realmente ser traductor y entender que “me gusta/encanta/fascina/etc. X idioma” no es un motivo de peso para estudiar esta carrera.

2. Si bien no hay consenso al respecto, muchos profesionales de la traducción consideran (y me incluyo) que los traductores deben traducir solamente hacia su idioma nativo, de lo cual se desprende que la herramienta principal del traductor profesional no es el idioma extranjero que aprende durante sus años de formación, sino su idioma nativo. Esto quiere decir que un traductor profesional de X idioma a español debe (a) dominar el español al derecho y al revés y (b) “quiero aprender X idioma” tampoco es per se un motivo de peso para estudiar esta hermosa carrera.

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