Confieso que siento que los ojos me sangran cada vez que veo errores ortográficos, sin importar el medio donde los encuentre. Como asidua a las redes sociales, especialmente Twitter y Facebook, huelga decir que siento mis ojos sangrar varias veces al día, dado que al tratarse de medios informales de comunicación, el proceso de edición en ellos suele ser escaso o nulo. (Ídem para los blog o bitácoras, salvo que sean canales de comunicación oficiales de alguna institución.)

Esto me genera un impulso difícil de controlar, cuya intensidad es mayor mientras más horrorosa (percepción subjetiva, desde luego) es la falta: corregir la ortografía de los demás. Pero me lo aguanto. Empuño las manos, me muerdo los labios, y paso de largo sin comentar al respecto.

“¿Por qué?”, se preguntará usted. Simple: considero que NO me corresponde. Soy traductora, sí. Amo mi idioma, sí (y sufro cuando siento que lo están masacrando). Pero me parece que corregir el español de otros cuando NO me lo han pedido es tan irrespetuoso como que un amigo psicólogo me dé un diagnóstico de personalidad sin que yo se lo pida, especialmente si estamos teniendo una conversación informal. O, en buen chileno: DESUBICADO. De hacer correcciones no solicitadas en público, ni hablar. La persona de la imagen, por ejemplo, bien pudo responder “Te aviso que ‘por qué’ lleva tilde cuando es interrogativo”, pero se abstuvo.

(Ni conceptos relacionados)

Navegando por internet en un rato de ocio, encontré esta historia, que me pareció interesantísima. Después de leerla, ingresé a Wikipedia para averiguar un poco más sobre Stanislav Petrov, y me encontré con la siguiente delicia “traductoril”:

“Estaba simplemente haciendo mi trabajo y fui la persona correcta en el momento apropiado, eso es todo. Mi última esposa estuvo diez años sin saber nada del asunto. ‘¿Pero qué hiciste?’, me preguntó. ‘No hice nada’”. (Fuente: Wikipedia)

Sabía que el incidente aludido ocurrió en 1983 y que la esposa del Sr. Petrov (ignoro si sería su primera, segunda o décima esposa, pues ignoro cuántas veces se ha casado) falleció hace unos años. Por lo tanto, esta información despertó mis sospechas y me llevó a buscar el original en inglés. Tal como supuse, estamos ante un error de traducción garrafal, dado que la cita es:

“I was simply doing my job, and I was the right person at the right time, that’s all. My late wife for 10 years knew nothing about it. ‘So what did you do?’ she asked me. I did nothing.”

Las palabras “pajarón” / “pajarona” han formado parte del registro coloquial chileno desde que tengo memoria y se usan acá con bastante frecuencia. Hoy he descubierto que la RAE no las incluye, e ignoro si estarán en otros diccionarios monolingües o en alguno bilingüe.

Por lo tanto, me parece útil señalar -por si alguna vez las leen o escuchan- que tales palabras son un modismo que significa “despistado/a”, “distraído/a”, “olvidadizo/a”. Posibles equivalentes en inglés serían absent-minded, forgetful o, para mantener el registro (muy) coloquial, spacey space cadet (esta última opción es una transposición, de adjetivo a sustantivo).

PS: Acabo de enterarme de que “pajarón” y “pajarona” también se usan en la Argentina. ¿Saben ustedes en qué otros países latinoamericanos se conocen y usan con frecuencia? Agradezco sus aportes. :)

La Asociación Internacional de Profesionales de la Traducción y la Interpretación, AIPTI, anuncia su Primer Taller Intensivo de Lengua Española. Esta actividad se realizará en abril en la ciudad de Buenos Aires, y será impartida por la Dra. Alicia María Zorrilla.

Para obtener información sobre el programa, la fecha y el valor de esta actividad, haga clic en el afiche.

Acabo de descubrir que el Diccionario de la RAE no incluye las palabras “subtitulado” (como sustantivo) ni “subtitulaje”. Me encantaría saber cómo se llama entonces la actividad a la que se dedican varios de mis estimadísimos colegas…

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PS: Gracias a Claudia Alvis por indicarme en el primer comentario que el Vademécum de la Fundéu señala: “Subtitulaje: Prefiérase la subtitulación a el subtitulaje“.  (Pero la RAE tampoco reconoce “subtitulación” como sustantivo… ¡ayayay!)

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