En más de una ocasión me han contactado para pedirme traducciones que he debido rechazar. Decirle a un potencial cliente “lo siento, pero no puedo aceptar este trabajo” es difícil, sobre todo si nos contactan justo en un momento en que el trabajo ha escaseado y tememos que la situación se nos torne complicada. No obstante, considero imprescindible (y a la larga, beneficioso) tener el valor y el criterio para decir “no” en ciertas circunstancias. En mi caso, algunas de estas circunstancias son:

1. Si el área temática del documento que me piden traducir está fuera de mis áreas de competencia. Con frecuencia me piden que traduzca contratos, a lo que rápidamente respondo con un correo de agradecimiento por el interés en mis servicios y explico que no conozco el área ni la terminología legal, razón por la cual sería irresponsable de mi parte aceptar el trabajo y prometer un buen resultado. También suelo dar el correo de colegas que efectivamente se dedican a esta área.

Con frecuencia escucho a las personas ajenas a nuestra carrera hablar de “traducción simultánea” y, de hecho, no es raro que reciba solicitudes de cotización por “servicios de traducción simultánea para un evento X”.

Es por esto que me ha parecido importante tratar este tema y señalar, en primer lugar, que la “traducción simultánea” no existe. La forma más simple de explicarlo es decir que la traducción es escrita, y que el ejercicio de transmitir oralmente el mensaje de un idioma a otro recibe el nombre de interpretación. Por lo tanto, los “traductores simultáneos” que trabajan en conferencias, congresos, etc., son en realidad intérpretes.

¿Puede un traductor, por el sólo hecho de ser traductor, trabajar como intérprete? En mi opinión –compartida por muchos profesionales del área–, NO. Así como el sólo hecho de dominar un idioma extranjero no basta para hacer de alguien un traductor profesional (repito: pro.fe.sio.nal), el tener las competencias necesarias para traducir (es decir, por escrito) entre un idioma extranjero y el idioma materno tampoco habilita a un traductor para trabajar como intérprete. Si bien es cierto que la traducción y la interpretación son profesiones que están estrechamente relacionadas entre sí, requieren de habilidades y técnicas diferentes.

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