Cuando recibimos un correo electrónico con una pregunta difícil, es preferible que tardemos un poco en contestarlo y nos tomemos el tiempo necesario para dar una respuesta clara, seria y profesional, que responder lo primero que se nos venga a la cabeza solamente para contestarlo de inmediato. Al hacer esto último, nos arriesgamos a dar una respuesta incompleta, poco profesional, poco atingente, o una combinación de las tres.

 

**Nota: sugiero enviarle a nuestro potencial cliente un correo para avisarle que hemos recibido su consulta y que la responderemos a la brevedad (o dentro de un plazo de xx horas).

Tal como indica el título, a continuación presentaré algunos mitos frecuentes sobre la traducción como independiente (o autónomo, o freelancer). OJO, esto significa que no mencionaré los conocidísimos mitos como “cualquier persona bilingüe puede traducir”, “un traductor puede traducir cualquier tipo de texto”, etc., etc., sino que me centraré en temas relacionados con la parte “práctica” (por llamarla de algún modo) del ejercicio profesional en sí y que, en consecuencia, probablemente son transversales al trabajo freelance en general.

1. Tienes que tener horarios de trabajo fijos y claramente establecidos: Falso. Si bien es necesario ser ordenados y tener un horario de trabajo relativamente regular (no sirve de mucho dormir hasta las 13:30 h si las oficinas locales cierran a las 17 h, ¿verdad?), debemos recordar que, en la actualidad, el trabajo del traductor no está limitado por fronteras geográficas. Esto significa que un día podemos trabajar para un cliente local, que está en nuestro mismo huso horario (Chile, en mi caso), y al día siguiente traducir para un cliente que se encuentra en Alemania, Japón, o cualquier otro país en un huso horario diferente del nuestro. Debido a esto, muchas veces debemos ser flexibles y estar dispuestos a modificar (en la medida de lo posible y manteniendo límites sanos) nuestros horarios de trabajo en pos de captar y mantener a un buen cliente.

Desde hace un tiempo, los traductores (y también los intérpretes) hemos estado siendo blanco de intentos de estafa a través de internet. El siguiente es uno de los más comunes:

El traductor recibe un correo electrónico con un documento adjunto que el “potencial cliente” necesita traducir. Una vez establecidos los honorarios, el “cliente” envía al traductor un CHEQUE por un monto total superior al acordado  (por ejemplo, si se acordó que el trabajo costaría U$500, el traductor recibe un cheque por U$1.000). Luego, el “cliente” le escribe al traductor para explicarle que ha habido un error y que por favor se le transfiera la diferencia a XX cuenta bancaria.

Como los cheques internacionales tardan aproximadamente 1 semana en verificarse, el traductor no se entera de que el cheque recibido no tiene fondos hasta después de haber desembolsado la diferencia.

Algunos signos de alerta pueden ser:
- El “cliente” ofrece espontáneamente pagar por adelantado… con un cheque
- El correo no contiene información real del cliente
- El correo se ha enviado desde una cuenta gratis (yahoo, hotmail u otra)
- Sumado a lo anterior, ¿les aceptaron inmediatamente sus honorarios, sin siquiera intentar negociar?

En más de una ocasión me han contactado para pedirme traducciones que he debido rechazar. Decirle a un potencial cliente “lo siento, pero no puedo aceptar este trabajo” es difícil, sobre todo si nos contactan justo en un momento en que el trabajo ha escaseado y tememos que la situación se nos torne complicada. No obstante, considero imprescindible (y a la larga, beneficioso) tener el valor y el criterio para decir “no” en ciertas circunstancias. En mi caso, algunas de estas circunstancias son:

1. Si el área temática del documento que me piden traducir está fuera de mis áreas de competencia. Con frecuencia me piden que traduzca contratos, a lo que rápidamente respondo con un correo de agradecimiento por el interés en mis servicios y explico que no conozco el área ni la terminología legal, razón por la cual sería irresponsable de mi parte aceptar el trabajo y prometer un buen resultado. También suelo dar el correo de colegas que efectivamente se dedican a esta área.

Hoy me saldré un poco de los temas que he tocado en días anteriores, pues quiero hablar de algo que a mi parecer es importantísimo para los profesionales independientes (freelancers): AFP y derecho a prestaciones de salud (en Chile).

Actualmente, los freelancers no estamos obligados a imponer en una AFP (pero la afiliación obligatoria comenzará a regir el 2012). Por esta razón, pocos lo hacemos y, de los pocos que cotizamos en la AFP, una parte importante lo hace por el sueldo mínimo vigente (para ahorrarse dinero, supongo).

Personalmente, considero que esta práctica puede tener consecuencias nefastas por dos razones:

  1. Todos queremos jubilar algún día (¡supongo!), ya sea a los 60, 70 u 80 años. El no cotizar en una AFP para “ahorrarse el dinero” es una visión cortoplacista. No olvidemos que algún día tendremos 70 años, que posiblemente estaremos cansados, que además tal vez padeceremos alguna enfermedad degenerativa propia de la edad, y que pese a todo eso seguiremos estando obligados a trabajar porque, de lo contrario, no contaremos con ningún ingreso. No sé a uds., pero para mí ese cuadro no pinta nada de bien.
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